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sábado, 21 de marzo de 2015


Imagina que eres una profesional altamente calificada. Imagina que tienes un trabajo que te apasiona. Imagina que ganas mucho dinero que te permite tener el nivel de vida que soñabas. Imagina que sientes que eres respetada y valorada.
Imagina que tienes independencia económica que repercute en que tus relaciones con el resto de adultos sean sanas y libres. ¿Lo imaginas? Ahora imagina que te conviertes en madre. Imagina que tus expectativas son disfrutar de esas 16 semanas de baja y luego seguir con tu flamante carrera porque puedes permitirte pagar la mejor persona del mundo para que cuide a tu bebé mientras tú no estás.
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Imagina que llega ese momento y sientes una mezcla entre alivio y tristeza. Alivio porque la maternidad te resulta más agotadora que tu trabajo de 10 horas entre tiburones empresariales y económicos, y tristeza porque en el fondo no quieres dejar a tu bebé con nadie. Imagina que estás en tu despacho y sientes que eso no es lo que quieres hacer.
Imagina que decides renunciar a tu trabajo, a tu estatus, a tu independencia, por ejercer de madre del modo que tú libremente escoges.
Imagina que pasan los días y las semanas y los meses, quizás los años y te sientes feliz de hacerte presente en la crianza de tus hijos, feliz de saber que estás invirtiendo en algo que nadie más puede darles, feliz porque tu cabeza acostumbrada a analizarlo todo fría y objetivamente te dice que tú eres indispensable para tus hijos en esta etapa de su desarrollo.
Imagina que a pesar de eso, otra parte de ti se siente cansada, exhausta, molesta y susceptible porque tu parte emocional no se contenta con saber “los beneficios de criar a los hijos”.
Imagina que llevas años sin dormir seguido, sin mantener una conversación adulta sin interrupciones de “teta”, “pis”, “cógeme”, “no quiero”, “quiero”….
Imagina que ahora tu economía no depende de ti, sino de tu pareja, o de tus padres, o de un sistema público. Imagina que te das cuenta que a tu alrededor nadie valora lo que haces, que se da por sentado que es tu obligación y punto. Imagina que te gustaría que el padre de tus hijos se implicara en su crianza y lo que recibes al hablar del tema es un : “yo me paso el día trabajando para que tú puedas quedarte en casa a jugar a las muñecas”.
Imagina que te critican por anti feminista, por “floja”, por “señorona”, por “hippie”, por fundamentalista…. Te critican por una cosa y por la contraria, porque al parecer decidir ejercer de madres no está bien visto en ningún sector de los que antes frecuentabas: ni en los negocios, ni en la política, ni en la sociedad, ni en tu familia… ¿Lo imaginas?
Ahora imagina que en ese caos emocional, físico, anímico y social, recibes una propuesta de trabajo. Imagina que un headhunter ha visto tu perfil profesional y te ofrece un trabajo mucho mejor que el anterior que dejaste.
Imagina que al oír la cifra de lo que vas a cobrar no puedes evitar pensar que llevas meses vistiendo ropa comprada en grandes almacenes, comprando marcas blancas en el super, y que lo más parecido a cenar fuera es ir a un restaurante de comida rápida con los niños.
Imagina que sueñas con esa posibilidad de recuperar tu vida, tu autonomía, tu libertad, tu independencia, tu estatus, tu reconocimiento, tu “voz” que se ha diluido entre los llantos y demandas de los pequeños.
Imagina que lo piensas y decides que todavía no es el momento, que tus hijos son pequeños aún. ¿Puedes imaginar los sentimientos encontrados ? ¿Puedes imaginar el sentimiento de culpa que esto genera? Culpa por desear decir que sí a esa oferta Culpa por sentirse triste al decir que no Culpa porque este suceso te revuelve y te enfada y te frustra y lo has pagado pegando 4 gritos a tus hijos, lo que te hace creer que eres un fracaso de madre o un fraude a la crianza que quieres. Culpa porque al fin y al cabo es lo único que hemos aprendido como mujeres: a sentirnos culpables de todo, por todo, y por todos.
Llevamos la carga más pesada de la sociedad, la que nadie reconoce, ni valora, ni remunera. En época de campañas electorales nos frustra ver cómo nadie está interesado en nuestra situación. Hartas de ver que la única opción que se nos plantea es tener guarderías desde el nacimiento, o que el padre coja la mitad del permiso de maternidad.
Las madres estamos constantemente renunciando: TODAS. Unas renuncian a su vida y otras a sus hijos. Algunas intentan compaginarlo todo y renuncian a tener tiempo para ellas, o a tener tiempo de intimidad con su pareja,o con sus amigas, o a invertir en su salud haciendo deporte… qué sé yo. Lo cierto es que cualquier madre que conozcas lo es a costa de renunciar.
La próxima vez que te encuentres con una madre por favor no la critiques. No le digas lo que tiene que hacer o cómo. No la ignores solo porque sabes que no va a poder ir a tu fiesta nocturna, invítala igual. No caigas en obviedades y frases hechas. Sencillamente, dile: “Eres muy valiente, lo estás haciendo muy bien y te admiro”
PD: Dedicado a todas las preciosas madres que han decidido vivir intensamente este largo, precioso y a veces duro y solitario viaje que es el de criar hijos. He aprendido tanto de ti, de vosotras, que solo puedo deciros GRACIAS
 
 
No hay que añadirle mucho más, solo que es como escucharme.  Lo tenía que compartir.  ¿Te identificas?
 
Gracias a: 
 
 
por escribirlo.

domingo, 15 de marzo de 2015

Día del Pi


Hoy es el Día de Pi π. (Marzo mes 3, día 14 = 3.14) (día en que escribo esta entrada).  Mi niña midió varias cosas, entre ellas, su nuevo columpio hecho de una goma de carro (neumático); una columna y los círculos que dibujo con tiza en el suelo.

El número Pi (π) puede resultar algo mágico y extraño para los niños, pero si entendemos bien el concepto vemos que tiene mucha lógica y no es tan difícil de comprender.  Vamos a tratar de dar una explicación sencilla y fácil para niños del número Pi.


Por definición, π (pi) es la relación entre la longitud de una circunferencia y su diámetro.  Es un número irracional y una de las constantes matemáticas más importantes. Se emplea frecuentemente en matemáticas, física e ingeniería y su valor es: π = 3,14159265358979323846…

Es muy fácil de entender; imagina un cuadrado de papel que mida 4 centímetros cuadrados, dibujamos dentro del cuadrado un círculo lo mas grande posible, si el cuadrado es de 4 Cm cuadrados, el círculo tendrá un área de 3,14159… centímetros cuadrados y el resto de papel que sobra tendrá 0,85841… centímetros cuadrados, ahora ya lo puedes entender, Pi más que un número es una proporción.

El gif animado de aquí abajo también es un buen ejemplo para comprender el número Pi y la relación entre la longitud de la circunferencia y su diámetro.

 


 
!FELICIDADES PI!!!!!

 

viernes, 28 de noviembre de 2014

Cuando me atacan, educo

Cuando decides educar en el Hogar (Homeschooling) y/o en el Mundo, no sabemos hasta que nos ocurre que nos podemos topar con grandes murallas y grandes gigantes que tratan de hacer ver (por ignorancia) la mayoría de las veces (no quiero pensar que sea por maldad), que lo que hacemos no es lo mejor.  Nos preguntamos ¿ignoro o defiendo?, yo creo que ninguna de las anteriores.  No nos tenemos que defender de nada, porque no estamos haciendo nada malo; ignorar, no es el rol de un guia o maestr@.  Creo que debemos Educar.  Explicar que la Educación que tiene como base el ambiente del Hogar ha sido desde donde por primera vez se ha educado y que el mundo que hoy vivimos es un ejemplo de la importancia de que la familia asuma los roles que tiene (abajo encontrán un poco de historia).

      

Hace tiempo aprendí que el ser verdaderamente familia y tener verdaderos amigos es algo que la mayoría de las veces se limita a muy pocos.  Lo que hace muy importante pertenecer a un gupo de apoyo que se convierte en tu familia extendida.  Cuando mi madre enfermó de cáncer, mi vida sufrió muchos cambios, pero mi niña al igual que mi madre, estaba dentro de mis prioridades.  Gracias a esa experiencia supe que muy pocas personas entendían lo que hacemos como familia y me llevó a la realidad de que ni los familiares más cercanos apoyaban evidentemente (no verbalmente) nuestro estilo educativo.
Nuestro estilo educativo esta unido a nuestro estilo de vida.  Opino que no estamos fragmentadas. Eso de que separo mi trabajo, de mi familia, en mi humilde opinión no es realidad; porque mientras cocino, verifico los emails (para corroborar el envio de un libro que pedí para hacer el proyecto de la feria científica); le hago saber a mi niña que pronto le revisaré su trabajo, llamo a mi marido, pongo en espera la llamada de una compañera del grupo de apoyo (Cooperativa De Educadores En El Hogar) que me llamó mientras hablaba con mi esposo y planifico con ella nuestra próxima actividad. Cuelgo para llamar al banco, para pagar la hipoteca (que por cierto me recuerda que necesito generar más ingresos y que podría estar ganandome más dinero si trabajara fuera, pero como sé que esta educación es la mejor para mi niña, vuelvo a pensar en los ajustes que tengo que hacer en la economía del hogar); regreso donde mi niña, repasamos una lectura; hecho la ropa en la secadora y todo esto con la cara pintada, porque antes de todo al hada de mi vida (mi hija-estudiante) se le ocurrió que para aprender mejor sobre el Sistema Solar teníamos que estar disfrazadas, ella de astronauta y yo de una marciana con cara verde incluída.  


Historia de la educación en el hogar:


El surgimiento de la educación obligatoria


La educación obligatoria más antigua comenzó en occidente a finales del siglo XVII y comienzos del XVIII en los estados alemanes de Gotha, Heidelheim, Calemberg y, particularmente, Prusia.[1] En los Estados Unidos, el primer estado en aprobar una ley de educación obligatoria fue Massachusetts, en 1789,[1] siendo en 1852 cuando se estableció un verdadero "sistema moderno de educación obligatoria estatal".  Durante este período lo usual era que la mayoría los padres utilizasen libros destinados a la educación en el hogar (si leyeron bien, este estilo educativo sirvió de inspiración desde el principio)  tales como Fireside Education de Griswold, 1828, o Helps to Education In The Homes Of Our Countries, de Burton y Warren, 1863; o usar los servicios de maestros itinerantes, en la medida que los medios y la oportunidad lo permitiesen.[2] Después que Massachusetts impusiera su sistema, otros estados comenzaron a hacer obligatoria la asistencia a las escuelas, pero hacia 1912, A.A. Berle de la Universidad Tufts afirmaba que los previos veinte años de educación masiva había sido un fracaso y que cientos de padres le habían consultado cómo podían educar a sus hijos en casa.

Comienzos de la moderna educación en el hogar:

A comienzos de la década de 1970, las premisas y la eficacia de la educación obligatoria fue cuestionada mediante la publicación de libros tales como Deschooling Society de Iván Illich, 1970 y No More Public School de Harold Bennet, 1972.  Estas ideas hallaron cabida en el reformador escolar John Caldwell Holt quién escribió en 1976 Instead of Education: Ways To Help People Do Things Better. Después de la publicación del libro, Holt fue contactado por familias de todo EEUU que habían tomado la decisión de educar a sus hijos en casa.  A partir de entonces, Holt comenzó la publicación de una revista dedicada a la educación en el hogar llamada Growing Without Schooling.[2]
Casi simultáneamente, en la segunda mitad de la década de los años setenta, los educadores Ray y Dorothy Moore comenzaron a documentar y publicar los resultados de su investigación sobre la optimización educativa en niños, cuyo hallazgo principal fue que los niños no deberían entrar en el sistema educativo formal hasta no tener al menos diez años de edad, para así obtener resultados educativos y sociales óptimos.  Los Moore también adoptaron la educación en el hogar y se convirtieron en propulsores del sistema a través de la publicación de libros como Better Late Than Early, 1975 y Home Grown Kids, 1984.[2]



La filosofía básica de John Holt acerca de la educación es bien simple: "Básicamente... el animal humano es un animal de aprendizaje; nos gusta aprender; somos buenos en eso; no es necesario que se nos muestre cómo hacerlo.  Lo que mata el proceso es la gente que interfiere con él o trata de regularlo o controlarlo."[1] No hubo mucha distancia desde esto hasta llegar a la Educación en el Hogar, y Holt dijo más tarde, en 1980, "Yo quiero dejar claro que no veo la Educación en el Hogar como un tipo de respuesta a lo deficiente de las escuelas. Yo creo que el hogar es la base adecuada para la exploración del mundo que entendemos como aprendizaje o educación.  El hogar sería la mejor base no importando cuan buenas sean las escuelas".[2] Holt.